sábado, 11 julio 2026

Regresa La casa de la pradera en Netflix

Ciudad de México, 10 Jul (Publimetro).- La nueva adaptación de Netflix recupera uno de los relatos fundacionales de la cultura popular estadounidense, pero lo hace en un momento en el que la obra de Laura Ingalls Wilder se contempla bajo un prisma distinto al de los millones de espectadores que siguieron las aventuras de la familia Ingalls en la serie protagonizada por Michael Landon entre 1974 y 1983.

Durante décadas, las novelas de Wilder fueron leídas como una celebración de la vida pionera en el Oeste americano. Sin embargo, en los últimos años han sido objeto de una profunda revisión por la representación de los pueblos indígenas y de otros grupos raciales, así como por la imagen que proyectan de la expansión hacia el Oeste.

El debate alcanzó un punto de inflexión en 2018, cuando la Association for Library Service to Children, dependiente de la American Library Association, retiró el nombre de Laura Ingalls Wilder de uno de sus premios más prestigiosos, rebautizado como Children’s Literature Legacy Award.

La organización argumentó que la autora ocupa un lugar fundamental en la literatura infantil estadounidense, pero también que su obra refleja actitudes hacia los pueblos indígenas y las personas racializadas que hoy resultan incompatibles con sus valores de inclusión.

Al mismo tiempo, insistió en que la decisión no pretendía censurar los libros, sino fomentar una lectura crítica de ellos.

Ante este contexto resulta inevitable preguntarse qué significa adaptar hoy La casa de la pradera. La respuesta de Netflix pasa por volver a las novelas originales sin ignorar las preguntas que el siglo XXI plantea sobre ellas.

“Lo que hacemos es adoptar una aproximación profundamente humanista”, explicó durante la presentación Rebecca Sonnenshine, creadora de la serie. “Queremos crear personajes completos, personas a las que quieras conocer y por las que quieras preocuparte”.

Su intención, insiste, no consiste en reescribir la historia desde parámetros contemporáneos. “Tratamos de comprender quiénes eran aquellas personas y cuáles eran sus circunstancias”.

La cuestión de los pueblos indígenas fue una de las primeras que surgieron durante la entrevista. Sonnenshine evitó hablar de una simple corrección política del original y prefirió explicar el enfoque desde el desarrollo de los personajes.

“Cuando llegan a la pradera tienen unos miedos determinados y la información que poseen es muy limitada. Pero su manera de pensar cambia porque empiezan a conocer a la gente”, precisa.

Para ella, el verdadero centro de la serie es “formar parte de una comunidad y conocer a personas que antes eran desconocidas”, de acuerdo con Rebecca Sonnenshine.

Ese cambio de perspectiva también afecta a los personajes indígenas.

“Son personas que intentan construir un futuro igual que la familia Ingalls. Son hermanos, hermanas, madres, padres, personas que salen de una guerra y buscan su lugar”, resumió la productora ejecutiva.

Más que eliminar el conflicto histórico, la serie intenta mostrar que todos los personajes comparten incertidumbres y aspiraciones.

La revisión también alcanza al núcleo familiar. La adaptación clásica construyó una imagen casi idealizada de los Ingalls. La nueva versión conserva la importancia de la familia, pero incorpora discusiones, contradicciones y momentos de fragilidad dentro de la estructura familiar.

“No hay nada más real que la tensión dentro de una familia”, defendió Crosby Fitzgerald, que interpreta a Caroline Ingalls. “Las personas a las que más quieres son también las que más pueden hacerte daño”.

La actriz considera que mostrar esos conflictos acerca a los personajes al espectador contemporáneo sin alterar el espíritu de los libros.

Luke Bracey comparte esa lectura sobre Charles Ingalls. Desde el principio, explica, tanto él como Fitzgerald quisieron construir un matrimonio basado en la igualdad.

“Queríamos que Charles y Caroline fueran compañeros de equipo. Que se respetaran mutuamente y afrontaran juntos todo lo que les ocurre”, agrega.

Para el actor, la fuerza de la pareja no reside únicamente en el amor, sino en la forma de compartir las responsabilidades. “Son personas que hacen frente a la vida juntas”.

Fitzgerald subraya además un aspecto especialmente significativo en una revisión contemporánea de la obra.

“Descubrí a una mujer dinámica, una madre y una esposa que también tiene sus propios deseos y que tuvo toda una vida antes de conocer a Charles”, destaca. Caroline deja así de ocupar exclusivamente el espacio doméstico para convertirse en un personaje con identidad propia.

Si la madre cambia, también lo hace la hija que da sentido a toda la saga. Alice Halsey era consciente del peso simbólico que supone interpretar a Laura Ingalls. Para preparar el personaje leyó toda la colección de novelas, estudió los guiones, escuchó podcast sobre la autora y leyó la biografía Prairie Fires.

“Laura es un personaje muy complejo”, explicó. “Es una escritora, una narradora y una mujer extraordinaria”.

También la relación entre Laura y Mary gana profundidad. Las discusiones, los celos y las reconciliaciones que ya aparecían en las novelas adquieren aquí un protagonismo mayor.

Para Sonnenshine, ese vínculo constituye el verdadero eje emocional de la historia. “Son las mejores amigas y también las peores enemigas. Eso es exactamente lo que significa crecer con una hermana”, elabora.

Netflix ha preferido adaptar directamente las novelas y no rehacer la serie de Michael Landon. La decisión permite recuperar el tono autobiográfico de Laura Ingalls Wilder y devolver protagonismo a una voz narradora que fue esencial en los libros.

“Siempre tenemos los libros abiertos en la oficina”, confesó Sonnenshine. “Las ilustraciones de Garth Williams están colgadas por todas partes. Volvemos continuamente a ellas para preguntarnos cómo era la cabaña, el pozo o cualquier pequeño detalle. Lo que queremos capturar es la sensación que produce leer esos libros”.

Quizá ahí reside la principal diferencia de esta adaptación.

Una serie que no intenta borrar las zonas grises de un clásico ni convertirlo en un producto contemporáneo a cualquier precio. Tampoco renuncia a la calidez que hizo de La casa de la pradera una historia universal.

“Cuando hay tanto caos y tanta distracción en el mundo, volver a hablar de la familia, de la comunidad y de las personas a las que queremos es un privilegio”, resumió Sonnenshine.

En tiempos de revisiones históricas, la nueva La casa de la pradera parece asumir que la mejor forma de dialogar con el pasado consiste en mirarlo de frente desde un presente distinto.