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Diego Luna lleva cinta a San Sebastián

San Sebastián, 21 Sep (El Informador).- Adriana Paz está a punto de estrenar “Animals” junto a Ben Affleck en Estados Unidos y llega al Festival de San Sebastián con un año de intenso trabajo a sus espaldas. En España, donde presentó “El autor”, el público la reconoce especialmente por “Emilia Pérez”, pero la actriz mexicana sabe que cada nuevo proyecto supone volver a empezar: “Hay que seguir picando piedra”.

No es una frase hecha. Además de “Animals”, Paz presenta en San Sebastián “Ceniza en la boca”, dirigida por Diego Luna; está a punto de estrenar “Sana y salva” en República Dominicana, rodó en México “Day of the Dead” y pasó por el Festival de Sundance con “The Huntress”.

Su papel en “Emilia Pérez”, donde interpretaba a la mujer que se enamora del personaje de Karla Sofía Gascón, le abrió puertas internacionales. Pero Paz destaca sobre todo otra consecuencia: la posibilidad de liberarse de etiquetas y enfrentarse a personajes muy diferentes entre sí.

Paz se crió en el cine independiente mexicano, una cinematografía que, según explica, aborda generalmente “realidades muy duras, permeadas por la violencia”. Ese contexto la ha llevado a encarnar personajes “duros y fuertes”, que siguen siendo los que le ofrecen en México.

Fuera de su país, sin embargo, el abanico se amplía. “Quizás porque no tienen esa referencia” de ella, señala. Allí le han llegado papeles de mujeres “más vulnerables, diferentes”, como el de “El autor”, que fue además su puerta de entrada en España.

Ahora le gustaría explorar otro registro: “Lo que me gustaría hacer ahora es una comedia”.

“Ceniza en la boca”, que Paz presentó en San Sebastián, le ha permitido reconectar con una parte de su propia historia. La película sigue a una familia de emigrantes mexicanos en España y devuelve a la actriz a una experiencia que vivió en primera persona.

A los 22 años, Paz emigró a España y tuvo que realizar trabajos precarios porque no tenía los papeles en regla. Rodar la película le ha permitido “volver a vivir” aquella etapa, recorrer de nuevo los caminos que transitó entonces y reflexionar sobre todo lo ocurrido desde ese momento.

“‘Ceniza en la boca’ me ha dado la oportunidad de volver a recorrer los caminos que caminé en aquel momento de mi vida, reflexionar al respecto y sentirme agradecida por todo el recorrido que he tenido desde entonces”, explica.

La película también la lleva a reflexionar sobre la experiencia migratoria desde una perspectiva más amplia. “Moverse es una cosa natural”, sostiene. A veces se emigra a otra ciudad porque allí están los sueños o el trabajo; otras, porque una persona es expulsada de su país por una guerra o porque no tiene qué comer. En todos los casos, considera necesario ponerse en el lugar del otro y practicar la empatía: “Todos somos personas y nunca sabemos cuándo nos va a tocar a nosotros estar del otro lado”.

En “Ceniza en la boca”, Anna Díaz interpreta a una joven que llega a España junto a su hermano adolescente para reencontrarse con su madre, que emigró desde México cuando sus hijos eran pequeños.

Los hermanos han crecido soñando con ese reencuentro. Pero cuando llegan a Madrid descubren que la emigración tiene también muchas sombras. La madre está interpretada por Adriana Paz.

Díaz define a su personaje como “una chica fuerte, con muchas responsabilidades que le dejan poco tiempo para divertirse o para pensar en sí misma”, pero que, pese a todo, intenta construir algo y no limitarse a sobrevivir.

La actriz considera importante mostrar también esa dimensión cotidiana y luminosa de quienes emigran. “A veces se tiene la idea de que los emigrantes tienen que limitarse a trabajar y trabajar”, señala, pero la película abre espacios en los que aparecen sus esperanzas, sus deseos y “su cara humana”.

Esa humanidad es precisamente el antídoto que Luna encuentra frente al odio y la violencia. “La ignorancia a veces logra ser muy estridente”, afirma, pero cuando una persona se pone frente a ti y te interesas por su historia, probablemente eres capaz de mostrar tu mejor versión.

La película aborda así un fenómeno de plena vigencia, pero también una cuestión más profunda: la deshumanización de quienes emigran.

Teresa Lozano, que interpreta a una de las mujeres que se cruzan con la protagonista durante su recorrido por Madrid y Barcelona, considera que las situaciones como la de Ceuta ponen de relieve la necesidad de reflexionar sobre la inmigración. En su opinión, “Ceniza en la boca” llega en un momento especialmente significativo para la sociedad española, ante la presencia de “muchos discursos de odio”.

El filme, en definitiva, conecta la experiencia personal de Adriana Paz con una reflexión de Diego Luna sobre la migración y la capacidad del cine para acercar al espectador a vidas que de otro modo podrían permanecer lejanas.

Para Diego Luna, la migración y el cambio climático son los dos grandes retos del mundo actual. Tras diez años sin dirigir un largometraje, el cineasta mexicano ha elegido uno de ellos para regresar al formato con Ceniza en la boca, presentada este sábado en el Festival de San Sebastián.

La película sigue a migrantes mexicanos en España y nace de una preocupación que Luna considera anterior a las circunstancias informativas actuales. Las noticias sobre las deportaciones de emigrantes en Estados Unidos o los problemas provocados por la llegada masiva de migrantes a Ceuta podrían hacer pensar que la película responde a la actualidad, pero el director lo niega.

La migración, explica, es un tema “indispensable desde hace años”, especialmente en México, “que es esa puerta tan compleja entre Estados Unidos y América Latina”.

Luna reconoce que ante la emigración “es fácil responder con miedo” y que entonces “afloren las violencias”. Frente a ello, considera que la empatía puede servir de contrapeso y que el cine es una herramienta para conseguirla.

La película busca precisamente que el emigrante deje de ser un número o una amenaza y se convierta en una persona cuya historia despierte interés. Para ello, dice Luna, hace falta “curiosidad”. El cine, añade, “nos invita a tener curiosidad” porque es “una ventana que nos asoma a la vida de otras personas”.